La carta que nunca deberías leer

Y digo yo, ¿por qué me sigue haciendo daño? ¿Por qué sigo cada día con esa esperanza de que algún día dejes a un lado esa cobardía y te atrevas a volver?

Ni yo me entiendo. No tiene ninguna explicación lógica que siga esperándote, y aún así, aquí estoy, con la puerta demasiado abierta, con carteles luminosos por si, si decidieras regresar, no tuvieses opción humana a perderte. Demasiado fácil todo, ¿no? Pero, sé que se acabará cerrando, que el día menos pensado, daré cinco vueltas a la llave, y cerraré tres candados más, por si acaso, y entonces ya, será demasiado tarde, y será una pena, porque fue real, lo que hemos vivido fue real. Dos personas que sin tener nada en común pudieron entenderse tan bien.

Una gran complicidad que nació de la nada nos fue uniendo. No había nada forzado, tú con tus tonterías y ronquidos, yo con mis payasadas y mis piruetas mientras dormíamos. Salía sólo y éramos felices, y sonreías, y a mí no me podían brillar más los ojos. Y de repente, todo terminó. ¿De verdad sólo lo viví yo? Menuda imaginación tengo para verlo tan diferente de la realidad, ¿verdad?

Y aquí estamos, sabiendo cada uno la vida del otro y, sin embargo, sin preguntarnos siquiera qué tal estamos.

Me propuse irme, y no insistir más. Valorarme y respetarme como persona y no conformarme con un trocito de ti y de vez en cuando. Me propuse sólo llevar serpientes tatuadas, y no parecerme a ellas y dejar de arrastrarme para nada.

Y no es que me lo crea, que me crea una reina maravillosa que se siente que está en lo más alto del podio, no. Pero sé que me echas de menos, sé que tus manos se mueren de ganas de tocar mi cuerpo, tus labios están deseando besarme, tus ojos lo que quieren es verme en tu cama, y quedarse empanados mirándome, como hacían antes, y tú, tú tiemblas sólo con imaginarte comiéndome, devorando cada trocito de mi piel, ¿me equivoco?

Te echo de menos cielo, no sabes cuánto, y no me da miedo decirlo. Sabes que no necesito a nadie en mi vida, sabes que mi independencia la valoro mucho y estoy muy bien, y sabes que no lo echo en falta. Porque no echo de menos follar, ni me apetece siquiera, pero sí echo de menos follar contigo, que termines encima mía empapándome con tu sudor. Porque no echo de menos un abrazo, ni una caricia, ni dormir con nadie. Lo que echo de menos, Gerard, es dormir contigo, abrazada a ti toda la noche y que, por la mañana me despiertes con uno de tus besos. Echo de menos hasta el Nesquik del desayuno, porque ya formaba parte del plan, de ese maravilloso día de la semana.

Y aquí termina, esta carta que nunca leerás, y ,que si la leyeses, tampoco cambiaría nada.

Es mi momento, por fin todo va bien. Después de tanto esfuerzo a cuestas se va viendo su fruto, y me faltas. Me falta compartir todo esto contigo, que estés aquí, en mi mejor momento, a mi lado, pero no estás.
Desde la distancia sabes que te deseo lo mejor, y que seré un poquito más feliz con cada cosa buena que te pase. Vive la vida, no temas por hacerlo. Haz lo que sientas en cada momento y arrepiéntete de lo que hagas, no de lo que dejes por hacer.

Sabes que te quiero, y eso no va a cambiar.

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